Han pasado diez días desde el sismo que sacudió al departamento del Chocó y, aunque la emergencia ya no ocupa los primeros titulares, para cientos de familias afectadas la tragedia continúa. En varios sectores de Quibdó, los habitantes siguen enfrentando las consecuencias de un desastre que destruyó viviendas, acabó con años de esfuerzo y mantiene a numerosas personas viviendo en condiciones de alto riesgo.

Desde La FM recorrimos algunas de las zonas más golpeadas por la emergencia. En el barrio Villa Hermosa, el panorama es desolador. Decenas de familias permanecen entre escombros, paredes agrietadas y estructuras que amenazan con colapsar en cualquier momento. Algunas perdieron sus viviendas por completo, mientras otras no tienen más opción que seguir habitándolas pese al peligro.

«Fueron cinco años para tratar de construir mi ranchito»

Uno de los afectados es Yairegui Mena Rentería, quien vio cómo el sismo redujo a ruinas la casa que había levantado con esfuerzo durante varios años y donde vivía junto a su familia desde hace nueve años.

Con resignación, pero también con la esperanza de recibir ayuda institucional, pide que las autoridades no los abandonen en medio de la crisis.

«Este es mi ranchito. Fueron cinco años para tratar de construirlo. Hace nueve meses vivía aquí con mi familia, pero el destino es este; no podemos contradecir lo que mi Dios nos da. Sin embargo, quiero pedirles a los entes territoriales y al Gobierno que tomen cartas en este asunto y busquen la forma de ayudar a quienes hemos resultado bastante perjudicados por este sismo. No tengo cómo volver a construir mi ranchito».

Su caso refleja la situación de muchas familias que hoy no cuentan con los recursos para reconstruir sus viviendas y esperan una respuesta rápida por parte del Estado.

Una familia que hoy duerme entre el miedo y los escombros

La historia de Heidy Johana Moreno Mosquera también resume el drama que viven numerosos habitantes de Villa Hermosa. Junto a su esposo, dedicó años de trabajo y sacrificio para construir una casa donde pudiera brindar estabilidad a sus dos hijos.

Sin embargo, el terremoto derrumbó gran parte de la estructura y hoy la familia permanece en la zona que aún se mantiene en pie, pese al riesgo que esto representa.

Heidy asegura que ver destruido el patrimonio construido con tanto esfuerzo ha sido uno de los momentos más dolorosos de su vida.

«Ver mi casa en las condiciones en que está me da mucha tristeza, porque es una casa que hemos construido con las uñas. Y ver que, de un momento a otro, se nos va al piso es muy triste. En este momento me encuentro durmiendo con mi familia en la sala de la casa porque de la mitad hacia atrás se nos cayó toda y estamos en riesgo. Por eso le pido a las personas de buen corazón y al Gobierno que, por favor, no nos olviden, que nos colaboren y lleguen hasta acá con ayudas. Nosotros necesitamos ladrillos, cemento y varilla para poder volver a parar mi casa y poder dormir tranquila».

Un llamado urgente a la solidaridad y a la intervención estatal

A medida que pasan los días, la preocupación aumenta entre las comunidades afectadas. Muchos damnificados aseguran que la ayuda no ha sido suficiente frente a la magnitud de la tragedia y afirman que la reconstrucción aún parece lejana.

Los habitantes hacen un llamado a las autoridades nacionales, departamentales y municipales para acelerar las acciones de atención y recuperación. Al mismo tiempo, apelan a la solidaridad de ciudadanos, organizaciones y empresas que puedan contribuir con materiales de construcción como cemento, ladrillos, varilla y otros insumos fundamentales para volver a levantar sus hogares.

Las cifras de la tragedia

De acuerdo con el más reciente reporte entregado por la Gobernación del Chocó, la emergencia deja un saldo de:

-13 personas fallecidas.

-310 personas heridas.

-17.032 personas damnificadas.

-3.175 viviendas destruidas.

-19.758 viviendas averiadas.

-274 instituciones educativas afectadas.

Diez días después del sismo, las cifras reflejan la magnitud del desastre. Sin embargo, más allá de los números, persiste la angustia de cientos de familias que continúan esperando una ayuda que les permita recuperar no solo sus viviendas, sino también la tranquilidad y la esperanza de volver a empezar.