A sus 34 años, Jack Zhang, inmerso en su startup desde hacía tres años y medio, se encontraba frente a uno de los inversores más influyentes de Silicon Valley. Michael Moritz de Sequoia lo había invitado a su residencia, un lugar que, según recuerda Zhang, ofrecía vistas directas al Puente Golden Gate, para discutir la posible venta de su empresa.Stripe había propuesto adquirir Airwallex por 1.200 millones de dólares. En aquel entonces, la empresa de Melbourne apenas registraba unos 2 millones de dólares en ingresos anualizados. La oferta, con un múltiplo de ingresos cercano a 600 veces, resultaba casi irresistible.Moritz enfatizó que Patrick Collison era un fundador excepcional y que la operación generaría un crecimiento extraordinario. Zhang, tras dos semanas de intensa reflexión en San Francisco, finalmente aceptó.

Sin embargo, al regresar a casa tras un vuelo de casi 13.000 kilómetros, Zhang reflexionó profundamente sobre sus motivaciones para construir Airwallex. Con tres años y medio en el negocio y un crecimiento de cien veces en 2018, sentía que apenas había comenzado a experimentar la esencia del emprendimiento, el sueño que siempre había perseguido.El voto en contra de dos de sus tres cofundadores fue un factor de apoyo, pero la señal más clara provino de la pizarra en su oficina. La visión seguía intacta e inconclusa: crear una infraestructura financiera que permitiera a cualquier empresa operar globalmente como si fuera una entidad local.Esta decisión se revela cada vez más acertada. Actualmente, Airwallex reporta más de 1.300 millones de dólares en ingresos anualizados y un crecimiento interanual del 85%. Además, procesa un volumen de transacciones anualizado que se acerca a los 300.000 millones de dólares, un éxito que, según Zhang, no ha sido fácil de conseguir, y ahí reside su valor.

Orígenes y Resiliencia

Esta convicción va más allá de una mera estrategia empresarial. Zhang, originario de Qingdao, una ciudad portuaria en el noreste de China, se trasladó a Melbourne a los 15 años sin sus padres, con un dominio limitado del inglés y viviendo con una familia de acogida.Cuando la situación financiera de su familia colapsó, asumió cuatro empleos para financiar sus estudios de informática en la Universidad de Melbourne. Trabajó como camarero, lavaplatos, en turnos nocturnos en gasolineras y recolectando limones en una granja, este último el trabajo más arduo que recuerda.Posteriormente, pasó años desarrollando código de trading en un banco de inversión australiano, una labor bien remunerada pero que nunca le resultó plenamente satisfactoria.Antes de fundar Airwallex, Zhang emprendió aproximadamente una decena de negocios. Entre ellos se incluyen una revista a los 14 años, una promotora inmobiliaria, operaciones de importación y exportación de vino y aceite de oliva de Australia a Asia, así como de textiles en dirección opuesta, y una cadena de hamburguesas.

La Génesis de Airwallex

La idea de Airwallex surgió mientras Zhang gestionaba una cafetería en Melbourne. Al intentar pagar a proveedores de café en Brasil, Indonesia y Guatemala, su cofundador Max Li observó cómo los pagos se perdían en el sistema bancario corresponsal.Estos eran a menudo marcados y congelados por bancos intermediarios estadounidenses que aplicaban las sanciones de la OFAC, a veces regresando semanas después de su envío. Esta experiencia impulsó a Zhang a investigar en profundidad el funcionamiento de la banca corresponsal, el sistema SWIFT, y cómo podrían construir su propia red global de movimiento de dinero.Esa visión persiste hoy, pero a una escala considerablemente mayor. Airwallex posee actualmente cerca de 90 licencias financieras en 50 mercados, una cifra que Zhang estima duplica, al menos, las de Stripe.La obtención de estas licencias ha sido un proceso arduo y prolongado; solo en Japón, tardaron siete años. En algunos mercados emergentes, la empresa tuvo que adquirir sociedades inactivas cuyas licencias ya no eran emitidas por los bancos centrales, para luego reconstruir completamente su infraestructura tecnológica.

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