Un velo de intriga y sospecha cubrió la reciente licitación pública para la demolición de la deteriorada tribuna occidental del estadio Guillermo Plazas Alcid en Neiva. Con un contrato valorado en más de 6.803 millones de pesos, todo parecía indicar que el Consorcio Deportivo 2026 se alzaría con la adjudicación sin mayor resistencia. Sin embargo, en un giro dramático y totalmente inesperado, una maniobra maestra desmanteló lo que muchos consideraban un resultado preestablecido, exponiendo graves irregularidades que habrían sumido a la administración municipal en un abismo legal de consecuencias incalculables.

La audiencia de adjudicación se transformó de un mero trámite en un escenario de alta tensión, donde la transparencia luchó contra lo que parecía ser un acuerdo sellado de antemano. La intervención de un proponente aparentemente descalificado reveló la existencia de un entramado que ponía en jaque la integridad del proceso, salvando a Neiva de firmar un contrato viciado de nulidad absoluta y protegiendo los recursos públicos de una posible malversación.

El Telón de un Proceso Manipulado: Un Ganador Escogido

Desde el inicio, la licitación para la implosión y posterior demolición de la tribuna occidental del emblemático estadio de Neiva, que ha permanecido en ruinas por casi una década, generó un ambiente de inquietud. Los rumores de un proceso con un “dueño” predefinido se confirmaron cuando, tras la evaluación preliminar, el Consorcio Deportivo 2026 emergió como el único oferente “hábil”, blindado con una calificación de 51.25 puntos. Los demás participantes, cuatro en total, fueron sistemáticamente descartados bajo criterios que, a ojos de los observadores, parecían aplicarse con una rigurosidad selectiva.

La situación sugería que la millonaria suma de 6.803 millones de pesos ya tenía un destino fijado, y la audiencia de adjudicación se perfilaba como una mera formalidad para legitimar una decisión ya tomada. El silencio expectante en la sala reflejaba una resignación generalizada ante lo inevitable, pero la calma estaba a punto de ser quebrada por una verdad incómoda.

La Carta Oculta: Un Competidor Desenmascara la Verdad

Cuando el ambiente de complacencia alcanzaba su punto álgido, un actor inesperado irrumpió en escena para desbaratar el guion. Michael Robert Sandoval Delgado, representante legal del Consorcio Tribuna, uno de los proponentes descalificados, sacó a relucir una objeción fundamentada que dejó perplejos a los evaluadores y al público presente. Con documentos irrefutables extraídos del propio Sistema Electrónico de Contratación Pública (Secop II), Sandoval Delgado y la representante legal Alba Lucía Rosero, expusieron una serie de omisiones y falsedades que el comité evaluador había, inexplicablemente, pasado por alto.

La revelación clave se centró en Urbanas Surcolombiana SAS (Urbacol), miembro con el 40% de participación en el Consorcio Deportivo 2026. A pesar de haber sido calificada inicialmente como “NO CUMPLE” en capacidad financiera, organizacional y residual debido a la falta de un Registro Único de Proponentes (RUP) en firme para la fecha de cierre de la licitación (27 de agosto de 2026), el comité evaluador había concedido una “convalidación” extemporánea, permitiendo la presentación de documentos fuera de los plazos legales. Este acto, prohibido por la normativa de contratación estatal, fue el primer indicio de un proceso viciado.

El Engaño al Descubierto: Contratos Ocultos y Declaraciones Falsas

La objeción de Sandoval Delgado no solo apuntaba a la convalidación irregular del RUP. Lo más contundente fue la demostración de una declaración juramentada falsa por parte de Germán Arturo Jaramillo Ante, representante legal de Urbacol. Este había afirmado bajo juramento que, al momento del cierre de la licitación en Neiva, su empresa no mantenía ningún contrato en ejecución.

Sin embargo, la evidencia presentada por el Consorcio Tribuna desmintió categóricamente esta afirmación. Se demostró que Urbacol mantenía vigente el Contrato de Obra No. 055 de 2023 con el Instituto de Desarrollo Urbano, Vivienda y Gestión Territorial de Chía (IDUVI) para la construcción de vivienda en el predio “El Churqui”. Esta omisión no era un simple error; afectaba directamente el cálculo de la capacidad residual de contratación, un requisito habilitante fundamental para la evaluación objetiva de las ofertas. La entidad contratante habría estado verificando un requisito vital sobre información incompleta, lo que representaba una ventaja indebida y una grave contravención a los principios de transparencia e igualdad que rigen la contratación estatal.

Un Desastre Legal Evitado: La Nulidad Absoluta al Acecho

La gravedad de las irregularidades expuestas era tal que, de haberse firmado el contrato con el Consorcio Deportivo 2026, la Alcaldía de Neiva se habría enfrentado a un “monstruoso acto administrativo viciado de nulidad absoluta”. Las consecuencias jurídicas para la administración municipal y para los miembros del comité evaluador habrían sido catastróficas e impredecibles, comprometiendo no solo el proyecto de remodelación del estadio, sino también la reputación y la estabilidad de la gestión pública.

La intervención oportuna de un competidor diligente no solo desmanteló una posible trampa, sino que también salvaguardó la legalidad del proceso y evitó un escándalo aún mayor. La presión de las pruebas irrefutables obligó al Comité Evaluador a retroceder, admitiendo la validez de la objeción y abriendo la puerta a una revisión profunda del proceso. Este episodio subraya la vital importancia de la vigilancia y el control en los procesos de contratación pública, especialmente cuando se manejan cuantiosos recursos del erario.

Contexto: Una Historia de Promesas Incumplidas para Neiva

El estadio Guillermo Plazas Alcid ha sido, durante años, un símbolo de promesas incumplidas y una herida abierta en el corazón de Neiva. La tribuna occidental, colapsada hace casi una década, ha sido testigo de un sinfín de retrasos, escándalos y frustraciones. La demolición y posterior reconstrucción de esta sección es un proyecto largamente anhelado por la ciudadanía y un paso crucial para la modernización de la infraestructura deportiva de la región.

En este contexto, la transparencia y la legalidad en cada etapa del proceso son más que un requisito; son una exigencia moral y cívica. El intento de manipular la adjudicación de un contrato tan significativo no solo es un golpe a la confianza pública, sino también un freno al desarrollo y al bienestar de la comunidad que espera ver su estadio renovado y funcional.

Conclusión: Victoria de la Transparencia y la Vigilancia Ciudadana

El desenlace de esta audiencia pública en Neiva representa una victoria para la transparencia y un recordatorio contundente de que la vigilancia, incluso por parte de los propios competidores, es esencial para garantizar la probidad en la contratación estatal. La exposición de un proceso presuntamente manipulado y la anulación de lo que parecía una adjudicación inevitable, demuestran que, a pesar de los intentos por desviar el curso de la justicia, la verdad siempre encuentra el camino para salir a la luz.

Este caso sienta un precedente importante para futuras licitaciones, enviando un mensaje claro: los procedimientos deben ser intachables, y cualquier intento de vulnerar los principios de igualdad y transparencia será descubierto y confrontado. La integridad de los recursos públicos y la confianza de la ciudadanía dependen de ello.

La Hermosa Stereo: Más cerca de la verdad.