Soacha, Cundinamarca, se ha convertido en el epicentro de una pesadilla para los trabajadores del transporte público. Una ola de inseguridad sin precedentes los tiene bajo el yugo de bandas criminales, dedicadas a la extorsión sistemática.Los conductores denuncian vivir en un clima de terror, donde el miedo y la incertidumbre crecen día a día. La ineficacia de las autoridades municipales para frenar esta escalada de violencia agrava una situación ya de por sí insostenible.
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Pruebas irrefutables de esta angustiosa realidad salieron a la luz el 25 de febrero de 2026. Registros audiovisuales, difundidos en redes sociales, muestran a varios conductores resguardados en parqueaderos, contando billetes para cumplir con las cuotas exigidas por los delincuentes.

El ambiente se carga de temor, una presión constante para saldar los pagos y así poder continuar con sus labores diarias. Estas grabaciones, vitales para entender la magnitud del problema, revelan la cruda organización y el tono amenazante con el que operan los extorsionadores.Capturas de pantalla de conversaciones, obtenidas de grupos de apoyo del sector, exponen mensajes escalofriantes. Remitentes identificados como “Moisés” y un presunto “Marcos Pérez” se presentan como la voz de la estructura criminal que impone los cobros.
La cruel advertencia de los extorsionadores
En sus comunicaciones, los delincuentes no dudan en ser explícitos: “La felicidad y la tranquilidad no tiene precio”. Exigen a los conductores una contribución obligatoria, disfrazada de “apoyo”, pero con un trasfondo de amenaza.“Moisés” fue claro al asegurar que el acercamiento era “de la mejor manera”, pero esperaban una “pronta respuesta”. Una velada advertencia que dejaba entrever las graves consecuencias de no acatar sus órdenes.La presión se intensificó con nuevos mensajes: “Necesitamos que se alineen con nosotros para poderlos dejar trabajar tranquilos y no tener los inconvenientes que hemos tenido con los otros paraderos”. La frase venía acompañada de una escalofriante advertencia.“Así como hemos cobrado con las vidas de sus colegas”, sentenciaron los criminales, dejando claro que no dudarían en usar la violencia. La intimidación no cesó ahí, prometiendo represalias si no había colaboración.“Si no colaboran saben cómo nosotros cobramos. Usted verá si se hacen los desentendidos y les hago la presentación para que la crean, somos de actuar más y hablar menos”, fue la brutal amenaza. Los transportadores se enfrentan a una elección de vida o muerte.
Ultimátum y derramamiento de sangre
En un intento desesperado por forzar la obediencia, enviaron un ultimátum: “Necesitamos que se consigan un vocero para que dialoguen con nosotros y darle la solución lo más pronto”. La exigencia era clara: comunicación inmediata.“Es mejor que se comuniquen ya mismo antes que hagamos otra presentación. La paz y la tranquilidad no tiene precio”, insistieron. La amenaza de “derramamiento de sangre” se cernía sobre ellos si no accedían a un “acuerdo concreto hoy mismo”.Marcos Pérez, presentado como la “mano derecha del viejo Moisés”, ratificó la intimidación: “El llamado es de la mejor manera, ustedes verán si seguimos cobrando a nuestra manera”. Un mensaje que cierra el círculo de terror en Soacha.
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La Hermosa Stereo: Más cerca de la verdad.






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