El Ministerio Cenas de Amor, bajo el liderazgo de Rosul Paredes, ha finalizado una significativa misión evangelística en la provincia de San José, Uruguay. Durante tres días, el equipo llevó a cabo una intensa labor de ministración en uno de los sectores más vulnerables de la región.La iniciativa incluyó jornadas de evangelización directa, servicios en plazas públicas y la distribución de un almuerzo de bendición. Cientos de familias que viven en condiciones precarias, muchas de ellas en viviendas improvisadas de chapa y cartón dentro de un basural, fueron beneficiadas.

Evangelización en zonas inaccesibles

Durante la campaña, el equipo recorrió entre dos y tres kilómetros dentro de un predio considerado de difícil acceso. Allí, presentaron el mensaje de Jesucristo casa por casa, alcanzando a familias que, según sus testimonios, nunca antes habían escuchado el Evangelio de salvación.Entre las verdades proclamadas en este barrio carenciado, se destacó: «Él es el camino, la verdad y la vida». También se enfatizó que Jesús «no vino a juzgar al mundo, sino a amar y salvar», llevando un mensaje de esperanza y redención.El ministerio estima haber impactado entre 650 y 760 familias a lo largo de las distintas jornadas. Muchas de estas personas estaban vinculadas a prácticas religiosas diversas y no conocían la esencia del Evangelio cristiano.

Almuerzo solidario y asistencia social

Como parte integral de la acción social cristiana, se organizó un almuerzo de bendición en una plaza del distrito, congregando a cerca de 750 familias. Además del alimento preparado, se distribuyeron más de 860 kilogramos de verduras frescas.Esta iniciativa se fundamentó en el principio bíblico: «Tuve hambre y me diste de comer», aunque el ministerio también subrayó que «no solo de pan vivirá el hombre, sino de toda Palabra». La estrategia combina eficazmente la ayuda alimentaria con la predicación del Evangelio, presentando a Jesús en cada entrega y conversación.

La familia en misión: Niños evangelizando

Un aspecto notable de la misión fue la activa participación de los hijos del matrimonio, Máximo, de 10 años, y Felipe, de 8. Ambos niños ministraron durante las jornadas, mostrando un compromiso inspirador.Máximo compartió el pasaje del Evangelio de Juan: «Mis ovejas escuchan mi voz», mientras que Felipe enseñó sobre la parábola del buen samaritano bajo el lema «ensuciarse las manos de misericordia». Resaltó así la importancia de ayudar sin distinción de religión, nacionalidad o condición social.El equipo relató que muchas personas fueron profundamente impactadas, madres derramaron lágrimas, individuos atados al alcohol se acercaron y varios asistentes manifestaron haber sentido por primera vez la presencia de Jesús.

Un llamado a la perseverancia en el bien

Desde el Ministerio Cenas de Amor, se hizo un llamado enfático a «no fingir en amarnos, sino amarnos de verdad», instando a la Iglesia a vestirse de amor y a aprovechar el tiempo para el servicio.»No nos cansemos de hacer el bien. Es tiempo de reflexionar, de corregir lo deficiente y de vivir el Evangelio con hechos», expresaron los líderes de la misión, reforzando la necesidad de acciones concretas.

Próximas misiones y expansión

Tras concluir esta etapa en Uruguay, el ministerio ha anunciado la continuación de su labor en otros países de Sudamérica, incluyendo Perú, Ecuador, Colombia y Venezuela. También se proyecta una misión a Haití, considerado uno de los contextos más desafiantes de la región.Paralelamente, en Argentina, el ministerio mantiene acciones nocturnas de evangelización urbana, recorriendo las calles entre las 23:00 y las 3:00 horas para ministrar a personas en situación de calle.El mensaje central de la misión permanece inalterable: llevar el Evangelio de arrepentimiento y salvación a lugares de difícil acceso. Se recuerda que Jesús «sana, libera y salva», y que la cruz sigue siendo el punto de encuentro donde toda nueva vida comienza.

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