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Mauricio: un testimonio que demuestra que las segundas oportunidades cambian vidas

• Mauricio Hernández es un exhabitante de calle que gracias al acompañamiento integral de la Secretaría Distrital de Integración Social logró reconstruir su proyecto de vida y retomar lo que más le apasiona: la música.
Bogotá, D.C., enero 19 de 2026. Hace tres años, a Mauricio Hernández —padre de familia, esposo, músico de formación e integrante de una de las orquestas de salsa más importantes del país— un accidente aéreo, en el que perdió a sus padres y a su esposa, le derrumbó el mundo de manera abrupta y traumática.
Después de ese momento, durante poco más de un año, Mauricio desapareció de su trabajo y de la vida de su familia. Se perdió entre las calles y las sustancias psicoactivas, en un intento desesperado por huir del dolor y sobrellevar la existencia. Sin embargo, el amor y el apoyo de sus hijos, así como su determinación por salir adelante, lo alentaron a buscar ayuda en los servicios sociales para la atención de población habitante y exhabitante de calle, o en riesgo de estarlo, de la Secretaría de Integración Social.

De su proceso, Mauricio recuerda: “Estuve en autocuidado, en un hogar de paso y en la comunidad de vida La Victoria, en Sasaima. En esta última tuve el privilegio de empezar mi restauración física y emocional. Allí el clima, el ambiente y la distancia de Bogotá me ayudaron mucho. No fue fácil empezar a crear una vida; me costó abrirme a los procesos psicosociales porque era un poco escéptico. Me había refugiado allí sin mucha claridad, un poco para ver qué pasaba”.
Más adelante ingresó a la comunidad de Vida El Camino, donde regresó a la música, su pasión. Allí conformó, junto a profesionales y participantes de este servicio, la agrupación “Son del Camino”, en la que volvió a tocar su preciado piano y a hacer percusión. Poco a poco se fueron sumando presentaciones en eventos y volvió a disfrutar la tarima, como solía hacerlo. Así, el alma se le fue iluminando de nuevo y en sus ojos azules brilló la alegría otra vez.
Hoy, Mauricio es participante del servicio de Hospedaje Social para ciudadanos exhabitantes de calle, una solución habitacional a mediano y largo plazo en la que se promueve la inclusión social, productiva y participativa, con acompañamiento integral, para personas que han avanzado de forma significativa en sus procesos de inclusión.
Gracias a su compromiso, su carácter afable, su disposición permanente para aprender y sus talentos, Mauricio actualmente hace parte del equipo humano de la Secretaría, donde, además de desarrollar labores administrativas, descubrió una nueva faceta que le ha permitido compartir sus conocimientos musicales con las personas mayores del Centro Día Casa de la Sabiduría Monseñor Óscar Arnulfo Romero, en Puente Aranda.
“Ha sido un proceso muy lindo el que estoy haciendo con las personas mayores; siento que ellos me dan más de lo que yo puedo dar. Estamos trabajando instrumentación y coros, conformamos un grupo de 30 personas al que llamamos Mozart y ya estamos haciendo algunas presentaciones. De verdad es muy gratificante”, afirma.
Mauricio, quien se ha convertido en abuelo de dos niñas, empieza de nuevo lleno de optimismo y entusiasmo. “Hoy solo tengo agradecimiento. Voy avanzando y siento que todo está dando frutos. Después de no tener ganas de vivir, ahora quiero dar lo mejor de mí. Anhelo estudiar psicología, capacitarme, tener estabilidad laboral y continuar trabajando con las personas mayores a través de la música. Estoy cumpliendo un sueño y entendí que la Secretaría de Integración Social sí puede recuperar vidas”.
La Hermosa Stereo: Más cerca de la verdad.







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