Musulmanes y Testigos de Jehová a menudo citan un pasaje bíblico específico para argumentar dos puntos clave: que Jesús negó ser Dios y que incluso rechazó ser considerado bueno. Este enfoque, sin embargo, requiere un análisis contextual más profundo para evitar interpretaciones erróneas.

El pasaje en cuestión se encuentra en Marcos 10:17-22, donde un joven adinerado se dirige a Jesús como “Maestro bueno”. La respuesta de Jesús, a primera vista, puede parecer desconcertante para algunos creyentes.

Jesús replica: “¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino solo uno: Dios”. Esta afirmación ha sido utilizada por diversas corrientes para fundamentar sus argumentos sobre la naturaleza de Cristo.

La pregunta crucial surge: ¿estaba Jesús negando su propia bondad o su deidad? La respuesta directa es no. Para una comprensión precisa, es fundamental aplicar el principio hermenéutico de la lectura en contexto de la Escritura.

El error de interpretar un versículo aislado

Uno de los errores más frecuentes al estudiar la Biblia es extraer un versículo de su contexto y edificar una doctrina completa sobre él. Esta práctica puede llevar a conclusiones que contradicen el mensaje general de las Escrituras.

La Biblia no se contradice a sí misma. Por lo tanto, si una interpretación particular de un pasaje entra en conflicto con el resto del canon bíblico, el problema reside en la interpretación, no en el texto original.

Afirmar que Jesús no es inherentemente bueno contradice directamente múltiples pasajes bíblicos. Juan 10:11 lo presenta como “el buen pastor”, mientras que 2 Corintios 5:21 y Hebreos 4:15 enfatizan que no conoció pecado y fue tentado en todo, pero sin pecar.

Además, 1 Pedro 2:22 declara que “no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca”. Ante estas claras afirmaciones, surge la pregunta ineludible: ¿Puede alguien sin pecado no ser bueno?

La respuesta bíblica es rotunda: Jesús es absolutamente bueno. Su impecabilidad es una prueba irrefutable de su naturaleza moral perfecta, esencial para su misión redentora.

¿Qué quiso decir realmente Jesús?

Cuando Jesús responde “¿por qué me llamas bueno?”, no está negando su identidad o su bondad intrínseca. En realidad, está confrontando el entendimiento superficial del joven rico sobre el concepto de bondad y la identidad divina.

Jesús le está interpelando: “Si reconoces que solo Dios es bueno, ¿por qué me atribuyes esta cualidad sin reconocer plenamente quién soy en realidad?” No es una negación, sino una invitación a una revelación espiritual más profunda.

El problema no radicaba en el título que el joven utilizó, sino en su falta de comprensión sobre las profundas implicaciones teológicas de sus propias palabras. Jesús buscaba elevar su percepción más allá de lo meramente terrenal.

El mismo capítulo revela quién es Jesús

Si continuamos la lectura del mismo capítulo de Marcos 10, sin recurrir a otros libros, encontramos declaraciones impactantes que clarifican la identidad de Jesús. El contexto inmediato es fundamental para una exégesis correcta.

1. Jesús anuncia su muerte y resurrección

En Marcos 10:33-34, Jesús profetiza con notable precisión su futura muerte y resurrección. Esta declaración no es un detalle menor, sino una afirmación de que en Él se cumplirían las profecías del Antiguo Testamento, como las de Isaías 53 y Salmo 22.

2. Jesús se presenta como el sacrificio perfecto

Marcos 10:45 declara: “El Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos”. En el contexto bíblico, un sacrificio redentor debía ser impecable y sin mancha, una perfección que solo Jesús podía ofrecer.

Jesús se presenta a sí mismo como ese sacrificio perfecto. La pregunta, entonces, se vuelve ineludible: ¿podría alguien que no es intrínsecamente bueno y sin pecado salvar a la humanidad de sus transgresiones?

El título “Hijo del Hombre” no es menor

Jesús se autodenomina “Hijo del Hombre”, un título que muchos interpretan superficialmente como una simple referencia a su humanidad. Sin embargo, su origen se encuentra en Daniel 7, donde describe una figura divina que recibe autoridad, gloria y un reino eterno.

Por lo tanto, al usar este título, Jesús está empleando una designación claramente mesiánica y divina, revelando su verdadera naturaleza y su rol escatológico. Es una afirmación velada pero poderosa de su deidad.

El problema del joven rico

Jesús enumera los mandamientos, pero se enfoca en aquellos relacionados con las relaciones humanas. Esto se debe a que el joven cumplía esos preceptos, pero fallaba en el más fundamental: amar a Dios por encima de todas las cosas y posesiones.

Por ello, Jesús lo confronta con la exigencia: “Vende todo lo que tienes… y sígueme”. El llamado no era meramente a desprenderse de bienes materiales, sino a reconocer a Jesús como Dios y a seguirlo de manera incondicional y completa.

Entonces, ¿qué enseña realmente este pasaje?

Lejos de negar su divinidad o su bondad, Jesús utiliza este encuentro para un propósito mucho más profundo. Está exponiendo un entendimiento superficial de la fe y la identidad divina.

Asimismo, está guiando al joven hacia una revelación espiritual más profunda y afirmando indirectamente su propia identidad como el único verdaderamente bueno, es decir, Dios encarnado.

Podríamos sintetizarlo de la siguiente manera: “Si solo Dios es bueno, y me llamas bueno, entonces necesitas comprender quién soy realmente. Y si verdaderamente entiendes mi identidad, ¿por qué no estás dispuesto a seguirme plenamente?”

La Biblia interpreta la Biblia

Este pasaje no puede ser leído de forma aislada para construir una doctrina. Cuando se interpreta correctamente, a la luz de toda la Escritura, se revela una verdad coherente y profunda.

Vemos que Jesús sí es bueno, es sin pecado, cumple las profecías mesiánicas y, de hecho, reclama autoridad divina. Estos puntos son irrefutables al considerar el contexto bíblico completo.

Por lo tanto, cualquier interpretación que sostenga lo contrario, negando la bondad o divinidad de Jesús a partir de este pasaje, no está realizando una lectura integral y contextual del texto sagrado.

Conclusión

El problema nunca residió en lo que Jesús expresó, sino en cómo se ha interpretado su respuesta a lo largo del tiempo. Marcos 10 no es un pasaje de negación de identidad, sino de revelación.

Es un momento donde Jesús revela su verdadera naturaleza, pero desafía al oyente a comprenderla verdaderamente y a actuar en consecuencia. La pregunta fundamental sigue siendo relevante hoy: “Si reconoces que Jesús es bueno, ¿estás dispuesto a reconocer quién es realmente y a seguirlo con todo tu ser?”

La Hermosa Stereo: Más cerca de la verdad.