El precandidato presidencial Roy Barreras ha desatado una tormenta política con una propuesta que pocos se atrevían a imaginar: el actual mandatario, Gustavo Petro, como su fórmula vicepresidencial para las elecciones de 2026. Esta audaz declaración, surgida tras una visita a la Casa de Nariño, ha encendido el debate nacional.
La afirmación de Barreras, “Hoy no está prohibido que un presidente de la República sea vicepresidente”, ha resonado con fuerza. Aunque aclaró que no es una decisión final, la posibilidad de que Petro lo acompañe busca asegurar la continuidad del “proyecto del cambio” iniciado en 2022.
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Esta bomba política llega en un momento clave para la centroizquierda, justo cuando el Consejo Nacional Electoral ha negado la participación de Iván Cepeda en la consulta del Frente por la Vida, generando fisuras y distanciamientos en el petrismo.
La estrategia detrás de una propuesta explosiva
Desde Pereira, Barreras delineó el perfil ideal para su fórmula: alguien “de izquierda, progresista, caribe, con buena relación con Estados Unidos y sensibilidad social”. Cuando los periodistas le preguntaron directamente si se refería a Petro, su respuesta fue tajante: “no tiene inhabilidades” para el cargo.

Analistas políticos interpretan esta jugada como un intento magistral de Barreras por consolidar el apoyo del petrismo y mantener cohesionada una base electoral que ha mostrado señales de fragmentación. Es una estrategia calculada para potenciar su visibilidad en un escenario donde su intención de voto aún busca consolidarse.
¿Qué dicen las leyes? El laberinto constitucional
La viabilidad jurídica de esta propuesta es el epicentro de un intenso debate, que obliga a examinar con lupa varios artículos de la Constitución Política de Colombia. ¿Es realmente posible que un expresidente sea vicepresidente?

El artículo 204 de la Carta Magna es claro: para ser vicepresidente se exigen las mismas cualidades que para ser presidente: ser colombiano de nacimiento, ciudadano en ejercicio y mayor de 30 años. Petro cumple con estos requisitos sin objeciones.

Sin embargo, el artículo 197, modificado en 2015, prohíbe explícitamente la reelección presidencial al establecer que “no podrá ser elegido presidente de la República el ciudadano que a cualquier título hubiere ejercido la Presidencia”. La clave está en la interpretación de esta norma.

Sorprendentemente, el texto constitucional no prohíbe de forma expresa que un expresidente aspire a la Vicepresidencia. Tampoco se menciona que haber ocupado la Presidencia sea una inhabilidad directa para ese cargo. Las restricciones se centran en otros funcionarios, como ministros o gobernadores, pero no en el jefe de Estado saliente.
Expertos en la cuerda floja: interpretaciones jurídicas
Expertos en derecho constitucional coinciden: formalmente, la Constitución no impide que un expresidente sea vicepresidente. Pero la advertencia es clara: una eventual candidatura de Petro sería objeto de un escrutinio implacable por parte de las altas cortes, que podrían ver en ello una contradicción con el espíritu anti-reeleccionista.

El meollo del debate radicaría en si la Vicepresidencia se convertiría en un vehículo indirecto para que el mandatario saliente mantenga su poder político, especialmente si existe una relación estrecha con el presidente electo. Una sombra de reelección indirecta que podría ser inaceptable.

Además, si el presidente electo se ausentara definitivamente, el vicepresidente asumiría el cargo, lo que abriría la puerta a una interpretación de reelección indirecta. Este punto, sin duda, sería el talón de Aquiles de la propuesta y un tema crucial para la Corte Constitucional.
Las reacciones y el camino de Barreras hacia 2026
Las declaraciones de Barreras no solo han agitado el panorama jurídico, sino también las aguas dentro del progresismo. Figuras prominentes como Susana Muhamad, Gustavo Bolívar y Wilson Arias han cuestionado su liderazgo y su capacidad para consolidar apoyo en las encuestas.

En este contexto, la mención de Petro como su posible fórmula es vista por algunos como un movimiento estratégico para recuperar legitimidad y sumar el respaldo del electorado afín al actual gobierno. Un intento de revitalizar su campaña y unificar fuerzas.
Roy Barreras inició oficialmente su carrera presidencial en octubre de 2025, respaldado por una vasta trayectoria como senador, presidente del Congreso y embajador. Su meta es clara: llegar a la primera vuelta con una candidatura unificada y potente.
En su cuenta de X, ha insistido en la necesidad de la unidad política: “Nos uniremos el 9 de marzo y llegaremos juntos a la primera vuelta”, escribió, marcando una fecha clave para el futuro del progresismo.
Por ahora, la fórmula Barreras-Petro es una hipótesis que electrifica la política colombiana. No hay un anuncio oficial, pero la mera posibilidad ha desatado un debate jurídico y constitucional sobre los límites de la participación de los exmandatarios en la contienda. Los próximos meses serán decisivos para ver si esta propuesta audaz se convierte en la realidad que definirá las elecciones de 2026.
La Hermosa Stereo: Más cerca de la verdad.






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