El mundo empresarial colombiano se viste de luto. Eduardo Robayo Ferro, la mente brillante detrás de Kokoriko y el visionario que transformó el pollo asado en un fenómeno nacional, falleció este 21 de marzo de 2026 a la impresionante edad de 91 años. La noticia, confirmada por su esposa Alba Lucía Gómez, ha conmocionado a figuras públicas y líderes empresariales, quienes ya lamentan la partida de un auténtico titán. Aunque las causas de su deceso y los detalles de sus exequias aún no han sido revelados, el legado de Robayo ya resuena con fuerza en cada rincón del país.La desaparición de Robayo no es solo el fin de una vida, sino el cierre de un capítulo empresarial que se entrelazó con la vida cotidiana de varias generaciones de colombianos. Kokoriko, la marca que él ayudó a forjar, ha superado los 55 años de historia, manteniendo una presencia imponente en múltiples ciudades del país. Más allá de ser una simple cadena de comida rápida, su nombre se convirtió en sinónimo de una tradición, un ritual dominical y una dulce memoria compartida que definió la mesa de miles de familias.
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El Genio Detrás del Imperio: ¿Quién Fue Eduardo Robayo Ferro?
Eduardo Robayo Ferro fue la viva encarnación del empresario forjado en la fragua del comercio. Antes de que su nombre se uniera indisolublemente al de Kokoriko, su trayectoria fue un mosaico de experiencias diversas, desde cacharrerías hasta la venta de joyas de fantasía y la importación de mercancías. Fue esa conexión directa con el pulso de la calle, más que los libros de texto empresariales, lo que lo guio hacia el revolucionario negocio de los alimentos. En 1969, unió fuerzas con Noé Cardona Cardona y Emilio Jordán Collazos para dar vida a AVESCO Ltda., la semilla de lo que germinaría hasta convertirse en una de las marcas más icónicas de Colombia.

Esta fascinante trayectoria previa nos revela el perfil de un empresario audaz, cuya formación se basó más en la intuición comercial y una inquebrantable persistencia que en los caminos trillados del gran empresariado. Robayo demostró que la verdadera visión nace de la experiencia y la capacidad de ver oportunidades donde otros solo ven desafíos.Aunque su nombre quedó para siempre ligado a la gloria de Kokoriko, la apuesta de Robayo fue mucho más allá de un simple restaurante. Participó activamente en la construcción de una empresa que no solo profesionalizó, sino que expandió exponencialmente el negocio del pollo en Colombia. En los emotivos homenajes de este fin de semana, se le recordó como un auténtico pionero del sector, un hombre que, antes que muchos, comprendió el inmenso potencial de transformar un producto popular en una marca nacional con identidad propia y un lugar en el corazón de todos.

Eduardo Robayo Ferro compartió su vida con Alba Lucía Gómez, con quien formó una familia junto a sus hijos Claudia, Eduardo y Carolina. Un capítulo doloroso en la historia familiar fue la trágica muerte de su hermano Antonio Robayo en el atentado al Club El Nogal en 2003, un suceso que marcó profundamente el rumbo de la familia empresaria y su legado.El ingenio de Robayo no se detuvo en el pollo. Con el imparable crecimiento de Kokoriko, la familia Robayo Ferro demostró una visión estratégica al diversificar sus inversiones hacia el sector financiero y otros frentes empresariales a partir de los años ochenta. Participaciones en fondos de pensiones, vivienda y otras compañías cimentaron un patrimonio sólido. Más allá de la marca que lo catapultó a la fama, Robayo dejó la imagen indeleble de un empresario que comprendió, con una lucidez asombrosa, que un negocio exitoso podía ser la plataforma definitiva para expandir influencia y riqueza en los más diversos sectores de la economía colombiana.

El Secreto Revelado: Así Nació la Leyenda de Kokoriko
La fascinante epopeya de Kokoriko comenzó un día histórico: el 9 de agosto de 1969. En lo que sería el 55º aniversario de la marca, Eduardo Robayo Ferro, Noé Cardona Cardona y Emilio Jordán Collazos encendieron la chispa de lo que se convertiría en un imperio, bajo el nombre de AVESCO Ltda. Antes de conquistar el país con su reconocido sello, el proyecto dio sus primeros y humildes pasos en un local llamado Las Colonias, estratégicamente ubicado en la calle 63 con avenida Caracas, en el corazón de Bogotá.

El primer restaurante que adoptó el icónico nombre de Kokoriko abrió sus puertas en Cali, con un menú que hoy podría parecer minimalista, pero que resultó ser una fórmula decisiva: pollo asado, papa y arepa. Esa combinación sencilla fue el punto de partida de una expansión meteórica que, con el paso de los años, catapultó a la empresa a convertirse en una de las marcas más queridas y reconocidas del sector de comidas rápidas en Colombia. Para 2024, su presencia abarcaba 18 ciudades, con 80 puntos de venta y una exitosa franquicia, un testimonio de su legado.

El Legado Inmortal: La Empresa que Dejó un Visionario
El crecimiento exponencial de Kokoriko no se explica únicamente por la calidad de su producto, sino por una visión empresarial vanguardista. La compañía fue una pionera indiscutible en múltiples innovaciones del sector: obtuvo la prestigiosa certificación ISO 9001, revolucionó el servicio con un call center para domicilios, implementó el cómodo servicio al carro y amplió su portafolio más allá del clásico pollo asado, incluyendo apanados, nuggets, alitas, hamburguesas y sándwiches. Esta constante evolución fue clave para mantenerse vigente y líder en un mercado cada vez más feroz y competitivo.

Hoy, la icónica marca Kokoriko forma parte del poderoso Grupo IGA, un gigante gastronómico. Esta integración empresarial, que reunió a Kokoriko con otras enseñas emblemáticas del negocio en Colombia, se consolidó en 2017. Fue entonces cuando IGA se fusionó con el Grupo Conboca, que gestionaba activos tan queridos como Kokoriko y Helados Mimo’s, dando como resultado un conglomerado que agrupa algunas de las marcas más representativas del consumo masivo y la restauración en el país. Un legado que perdura y se expande.

El País de Luto: Reacciones y Despedidas a un Ícono Empresarial
La triste noticia de su fallecimiento desató una ola de mensajes de pesar en redes sociales y medios de comunicación. Entre las figuras públicas que expresaron sus condolencias a la familia, destacaron el exalcalde Enrique Peñalosa y el reconocido periodista Fernán Martínez, quienes no dudaron en resaltar la impecable trayectoria empresarial de Robayo. Esta rápida y sentida reacción es una clara medida del lugar que Eduardo Robayo ocupó en la memoria pública: no solo como el visionario fundador de una marca comercial, sino como una figura central de una generación de empresarios que, con su audacia, construyó compañías reconocibles y amadas por millones de colombianos.

Con su partida, desaparece físicamente uno de los hombres que, con su ingenio y determinación, transformó un negocio de escala local en una marca de resonancia nacional. Sin embargo, su huella es imborrable y permanece visible: la de una empresa nacida a finales de los años sesenta que se convirtió en un referente ineludible del sector y que sigue profundamente arraigada en el paisaje urbano y en el corazón afectivo del país. En un mercado donde pocas marcas logran trascender generaciones, Kokoriko, gracias a su visión, fue y sigue siendo una de ellas. Su legado es eterno.
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