Un terremoto político sacude Colombia. La Fiscalía General de la Nación evalúa formalmente vincular al expresidente Álvaro Uribe Vélez a las investigaciones por las infames masacres de El Aro, La Granja y el asesinato del defensor de derechos humanos Jesús María Valle Jaramillo. Esta posibilidad, que emerge justo antes de cruciales elecciones, ha encendido todas las alarmas en el panorama nacional.El debate judicial ha resurgido con fuerza, impulsado por los controvertidos testimonios de antiguos jefes paramilitares. La atención se centra especialmente en Salvatore Mancuso, ahora gestor de paz, tras su regreso a Colombia después de cumplir una condena de 18 años en Estados Unidos.

Luego del juicio con el senador y candidato presidencial Iván Cepeda, Uribe volvería a los estrados judiciales para responder por varios casos que se denunciaron cuando él ocupaba el cargo de gobernador de Antioquia, entre 1996 y 1998 - crédito Cristian Bayona/Colprensa

La veracidad y la utilidad política de las declaraciones de Mancuso y del exparamilitar Francisco Villalba Hernández han sido puestas en tela de juicio, generando una intensa polémica. La revista Semana ha destacado cómo persiste el debate sobre la credibilidad de estas nuevas revelaciones.Frente a esta delicada situación, el expresidente Uribe no ha tardado en pronunciarse. A través de su cuenta de X, el exmandatario compartió un mensaje alarmante, citando una supuesta conversación: «‘Uribe, en la fiscalía votaron 11 fiscales para que lo acusen a ud, otro dijo que después de elecciones'».

Uribe respondió la mañana del sábado 31 de enero de 2025 - crédito @AlvaroUribeVel/X

El dirigente antioqueño añadió que sus abogados ya preparan una solicitud formal a la Fiscalía y que él mismo enviará una carta a la Fiscal General. Con ello, busca aclarar los hechos y defenderse de lo que considera una persecución.Uribe también anticipó que, de avanzar el proceso después de los comicios de 2026, recordará que las acusaciones previas fueron impulsadas por fiscales nombrados por Eduardo Montealegre, sin considerar las reglas de conflicto de interés. Una declaración que añade más leña al fuego de la controversia.El líder del Centro Democrático no dudó en expresar su respeto a la Fiscal, a pesar de su pasado profesional con el magistrado Iván Velásquez, cuya «enemistad profunda» con Uribe ha sido, según él, «notoria durante años». Una afirmación que subraya la tensión política de fondo.Además, el expresidente confirmó que reiterará su versión libre y sus declaraciones previas ante fiscales. Defenderá su ausencia en el momento del asesinato del Dr. Valle Jaramillo, ocurrido mientras estaba en la Universidad de Oxford.

Eduardo Umaña Mendoza y Jesús María Valle Jaramillo, los defensores de derechos humanos asesinados por cuya muerte pidieron investigar a Álvaro Uribe - crédito Javier Cortés / Alcaldía de Bogotá / Gidh

Asimismo, abordará las masacres de El Aro y La Granja, contextualizándolas dentro de las más de 90 tragedias que azotaron Antioquia. Recordará el asesinato de 28 campesinos por las FARC, muy cerca de donde él se encontraba como Gobernador.Las masacres de El Aro (octubre de 1997), La Granja (junio de 1996) y el crimen de Jesús María Valle (febrero de 1998) son episodios que marcaron profundamente la historia reciente de Colombia. Uribe insiste en la imposibilidad de aplicar la teoría de la omisión en Ituango, dada la precaria capacidad de la Fuerza Pública.El exmandatario ha soportado desde 1997 «estas infamias sin que en esos extensos expedientes haya algo contra mí», afirmó. Denuncia que fue «compulsado por una reunión que la misma Fiscalía encontró inexistente» y que se busca «sustituir la falta de pruebas por un contexto paramilitar que desconoce el contexto guerrillero».»Pero seguiremos la lucha para que Colombia cambie», concluyó Uribe Vélez, dejando claro que no piensa ceder en su defensa y que continuará luchando por su inocencia frente a estas graves acusaciones.

La Defensa de Uribe: «Testimonios Carecen de Fundamentos Sólidos»

La estrategia legal del expresidente Álvaro Uribe Vélez, liderada por el abogado Jaime Granados, se fundamenta en la ausencia de pruebas concretas que justifiquen una vinculación formal. El examen judicial se centra en el papel de la Gobernación de Antioquia durante su mandato (1996-1998).Durante más de dos décadas, el expediente ha recorrido diversas instancias, desde la Corte Suprema hasta la Comisión de Acusación y la Fiscalía. Un extenso historial jurídico-político que ha analizado pruebas bajo la constante presión de los giros políticos nacionales.

El expresidente Uribe junto a su abogado defensor, Jaime Granados - crédito Mariano Vimos / Colprensa

Granados ha declarado que, por más de 20 años, «sectores políticos adversos y ciertos operadores judiciales han tejido una red de acusaciones basada en rumores, testimonios de oídas y manipulaciones políticas». Una grave denuncia que pone en entredicho la imparcialidad del proceso.En cuanto a la masacre de El Aro, la defensa presentó datos técnicos que, aseguran, exoneran cualquier intervención gubernamental. «Las bitácoras de vuelo, los peritajes de la Aerocivil y testimonios de los pilotos de la Gobernación han demostrado técnicamente que ninguna aeronave oficial estuvo en la zona en las fechas y horas señaladas», puntualizó Granados.Respecto a Francisco Villalba Hernández, quien afirmó haber visto a Uribe en El Aro, la defensa sostiene que el entonces gobernador estaba en Medellín y Bogotá en actividades oficiales, con registros y testigos que lo corroboran. «Su relato es física y temporalmente imposible, un producto de la fábrica de testigos falsos», sentenció Granados.Sobre La Granja, Granados argumenta que existen actas de consejos de seguridad donde Uribe solicitó reforzar la zona, aunque carecía de control operativo sobre Ejército y Policía. Una distinción crucial para deslindar responsabilidades.Finalmente, en el caso del asesinato de Jesús María Valle, el jurista fue contundente: «No existe ninguna prueba o vínculo directo del expresidente con este homicidio y los autores materiales fueron La Terraza y la casa de Carlos Castaño». Una afirmación que busca cerrar el capítulo de esta acusación.

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