Bogotá tiene el reto de mitigar la generación de residuos. Esta administración distrital ha implementado diversas estrategias para optimizar el uso de los recursos disponibles. El objetivo es reducir el impacto ambiental y fomentar una conciencia colectiva sobre el consumo responsable y sostenible.Gracias al programa ‘Bogotá Sin Hambre 2.0’, se han creado espacios de capacitación para funcionarios en la disposición final de residuos. Este programa no solo atiende la demanda alimentaria de los más vulnerables, sino que también promueve el “Bien-Estar Alimentario”. Los beneficiarios de los 136 comedores comunitarios participan activamente en encuentros de “Saber, estar y sentirse bien”.
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A través de este componente, la Secretaría de Integración Social fortalece las capacidades en prácticas alimentarias saludables y sostenibles. Contribuye a que la población beneficiaria de los comedores comunitarios tome decisiones informadas para su bienestar.

Además, se llevan a cabo actividades y campañas de sensibilización ciudadana. Estas acciones buscan destacar la importancia de reducir las pérdidas y el desperdicio de alimentos, promoviendo así la gastronomía sostenible.De los 136 comedores, 22 creados en el último año bajo la administración del alcalde Carlos Fernando Galán, sobresalen por sus resultados. Destacan por sus buenas prácticas en la disposición final de residuos, buscando un modelo que minimice los desperdicios.Ejemplos notables incluyen los comedores Mocarí y Pardo Rubio en Chapinero, Porvenir en Bosa, Tibabuyes en Suba y Limonar en Ciudad Bolívar. Estos centros son referentes en la gestión eficiente de residuos alimentarios.

Un Protocolo Estricto para Minimizar Desperdicios
Sonia Torres, responsable del comedor Pardo Rubio, explica el estricto protocolo de disposición en la fuente. En la bolsa negra se desechan los residuos de prealistamiento y material no utilizable. La bolsa blanca se destina a material reciclable como papel y cartón, que luego se acopia y distribuye a entidades para su adecuado aprovechamiento.Un aspecto crucial es la gestión de grasas y aceites usados. Estos no van a los sifones, sino que se depositan en recipientes especiales para ser aprovechados posteriormente como combustibles. Este método garantiza una disposición responsable y ecológica.

Innovación desde el Origen: La Tarea en Bodega
La labor comienza desde la llegada de los alimentos al comedor. Se realiza una cuidadosa selección y disposición en bodega, separando los empaques primarios, las colas de cebolla larga y las cáscaras de yuca. Cada residuo se clasifica meticulosamente para su posterior manejo.Los aguacates, por ejemplo, se desenvuelven y sus empaques se depositan en canastillas plásticas higiénicas. Este proceso inicial es fundamental para optimizar la reducción de desperdicios desde el primer momento.

Resultados Impactantes: Menos Desperdicio, Más Conciencia
El prealistamiento diario se alinea con las minutas de cada comedor. Al final de la jornada, alrededor de las tres y media de la tarde, se pesa la comida no consumida por los participantes, permitiendo un monitoreo preciso.»Hoy hay un mayor aprovechamiento de los alimentos, es poco el desperdicio por parte de nuestros beneficiarios», afirma Sonia Torres. El comedor Pardo Rubio ha logrado reducir el desperdicio de 8-9 kilos a solo 1-1.5 kilos, una cifra mínima frente a los 132 kilos preparados.

Actualmente, solo se generan 5.5 kilos de residuos orgánicos de la minuta diaria, lo que demuestra la efectividad de las nuevas prácticas. Este logro es un testimonio del compromiso de la comunidad y del programa ‘Bogotá Sin Hambre 2.0’.

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