El reciente reconocimiento por parte del Congreso español de Edmundo González Urrutia como presidente electo de Venezuela ha llevado a una grave crisis diplomática entre ambos países. El gobierno de Nicolás Maduro ha reaccionado con furia, amenazando con cortar todas las relaciones diplomáticas con España.
Jorge Rodríguez, presidente del parlamento chavista, ha calificado la decisión del Congreso como una «declaración de guerra» y ha exigido que se suspendan todas las conexiones diplomáticas, comerciales y consulares con España. Rodríguez no solo ha solicitado la retirada de los diplomáticos españoles, sino que también ha demandado que se expulsen a todas las empresas españolas y se detengan los vuelos entre ambos países.
Este conflicto se produce en un momento delicado, cuando las relaciones entre Venezuela y España habían mostrado signos de mejora tras el enfrentamiento de 2018. En ese entonces, la ruptura se produjo tras la ampliación de sanciones por parte de la Unión Europea, que llevó a la expulsión del embajador español, Jesús Silva.
La actual tensión se suma a un contexto más amplio en el que varios países, incluyendo Panamá, Ecuador, Uruguay, Costa Rica, Argentina y Perú, han reconocido a González Urrutia como presidente encargado. Además, Estados Unidos y Canadá también han respaldado su victoria en las elecciones, intensificando aún más la crisis.
Rodríguez ha dejado claro que el gobierno venezolano no está dispuesto a tolerar lo que considera una afrenta a su soberanía y ha instado a acelerar el proceso de ruptura con España. En este clima de confrontación, el papel del exjefe del gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero, quien es un aliado clave de Maduro y figura en la estrategia política del actual gobierno español, añade una capa adicional de complejidad a la situación.
El embajador español actual, Ramón Santos, quien asumió su cargo en octubre de 2021, ha sido testigo de cómo las relaciones entre los dos países han fluctuado, desde el desafío a la presidencia de Juan Guaidó hasta el refugio otorgado a Leopoldo López. La reciente amenaza de Rodríguez de afectar a las empresas españolas y los vuelos entre ambos países marca un nuevo y potencialmente grave giro en la crisis diplomática.






Comentarios