¡Alerta máxima! La producción arrocera colombiana se tambalea al borde del abismo. Una crisis sin precedentes amenaza a miles de familias, provocada por una avalancha de importaciones de arroz ecuatoriano, tanto legales como clandestinas, que están asfixiando a nuestros agricultores.Fedearroz ha lanzado un grito desesperado al Gobierno Nacional, exigiendo acciones inmediatas. La estabilidad económica de un sector vital pende de un hilo, y la inacción podría tener consecuencias devastadoras para el futuro de nuestra alimentación.La Federación, a través de una contundente comunicación a los ministerios clave, ha solicitado medidas urgentes de protección. La presión sobre los precios internos y la comercialización de la cosecha nacional es insostenible, y el reloj corre.

Fedearroz advirtió que el ingreso de arroz desde Ecuador está presionando a la baja los precios que reciben los productores colombianos- crédito colprensa

La coyuntura comercial con Ecuador ha escalado a niveles críticos en las últimas semanas. Lo que Fedearroz califica como «competencia desleal» está poniendo en jaque la sostenibilidad de la producción nacional, especialmente en regiones donde el arroz es el motor económico principal.

El tsunami de importaciones: entre la legalidad y la sombra

El pronunciamiento de Fedearroz revela una realidad alarmante: la combinación de importaciones formales con un flujo incesante de arroz que ingresa de manera irregular por la frontera. Este fenómeno no solo distorsiona el mercado, sino que acarrea riesgos sanitarios y de control aduanero incalculables.El ingreso de arroz sin los debidos registros es un caldo de cultivo para el contrabando técnico, la evasión de impuestos e incluso el lavado de activos. Además, la falta de controles adecuados amenaza gravemente la salud de los consumidores al no garantizar los estándares fitosanitarios.

El gremio arrocero pidió al Gobierno medidas urgentes para proteger la producción nacional frente a importaciones legales e ilegales- crédito Coagro Huila

La consecuencia directa para nuestros heroicos productores es un desplome brutal en los precios internos, pulverizando su rentabilidad y haciendo imposible recuperar las inversiones. Esta situación golpea con saña a los pequeños y medianos agricultores, quienes carecen de márgenes para absorber estas pérdidas.

¡Es hora de actuar! Retaliación y control férreo, la única salida

Ante este panorama desolador, Fedearroz exige que el arroz sea incluido de manera indefinida en las medidas de retaliación comercial contra Ecuador. Esta herramienta es crucial para equilibrar la balanza y enviar un mensaje inequívoco de respaldo a nuestra producción nacional.Sin estas acciones contundentes, el sector arrocero se encamina a una catástrofe: reducción de áreas sembradas, pérdida masiva de empleos rurales y un debilitamiento alarmante de la seguridad alimentaria del país. ¡No podemos permitirlo!

Las importaciones de arroz, según Fedearroz, afectan especialmente a pequeños y medianos productores en varias regiones del país - crédito Colombia Oscura

Puerto único: el escudo contra el contrabando

Una propuesta audaz de Fedearroz es la creación de un puerto único de ingreso para el arroz importado. Esta medida revolucionaria facilitaría un control sin precedentes, permitiendo un seguimiento riguroso de los volúmenes y cerrando la puerta a los flujos ilegales.Designar un solo punto de entrada empoderaría a las autoridades para fortalecer la vigilancia aduanera y sanitaria. Sería un golpe maestro contra el contrabando y las actividades ilícitas que tanto daño hacen a nuestra economía y a nuestros campesinos.

Fedearroz solicitó mayor control en frontera y la designación de un puerto único para frenar el contrabando y los riesgos sanitarios- crédito EFE/ Hein Htet/Archivo

Fedearroz reitera su llamado urgente al Gobierno Nacional para una acción rápida y coordinada entre todas las entidades competentes. La protección de la producción arrocera no es solo una cuestión económica; es un imperativo social y estratégico.El arroz es el alimento básico de millones de colombianos y el sustento de miles de familias rurales. Defenderlo es defender nuestra identidad, nuestra mesa y nuestro futuro. ¡Colombia no puede esperar más!

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