Nueve años después de la firma del Acuerdo de Paz en Colombia, la esperanza de una nación libre de conflicto se enfrenta a una dura realidad. A pesar de los esfuerzos, la violencia persiste, ensombreciendo el camino hacia una paz duradera y poniendo a prueba la voluntad de todo un país.
La cruda verdad resuena en las palabras de una víctima de Bojayá: «En los últimos cuatro años, 12 niños y niñas de Bojayá prefirieron suicidarse que ser reclutados por los grupos armados en Chocó». Esta desgarradora confesión subraya cómo la promesa del Acuerdo de Paz se ve asfixiada por la escalada de violencia en varias regiones, con disidencias en expansión a pesar de los cambios de gobierno y la incertidumbre que reina en los territorios.
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El Acuerdo de Paz: Un Faro en la Incertidumbre
En medio de un panorama de incertidumbre y creciente temor, especialmente en las zonas más vulnerables del país, el Acuerdo de Paz de 2016 emerge todavía como la hoja de ruta más sólida para contener y revertir la espiral de violencia que ha resurgido con fuerza en los últimos años. Su implementación integral sigue siendo crucial, a pesar de los obstáculos que se presentan a diario.
Seguridad y Oportunidades: La Dualidad Esencial
Es imperativo entender que la implementación del Acuerdo no puede desvincularse de la seguridad. El control territorial por parte de la fuerza pública es un punto de partida innegociable para cualquier avance. Sin embargo, una seguridad meramente reactiva es insuficiente. La sostenibilidad a largo plazo de la paz radica en transformar las condiciones estructurales de pobreza y exclusión que el conflicto perpetuó durante décadas en departamentos como Chocó, Cauca, Nariño y Putumayo.
Cerrar las brechas sociales y promover un desarrollo territorial equitativo es la única vía para ofrecer a nuestros jóvenes alternativas reales a la criminalidad. Sin oportunidades genuinas, se les condena a un futuro incierto y a merced de grupos armados. El Acuerdo de Paz, por tanto, se consolida como el instrumento fundamental para erradicar la pobreza rural, fomentar la equidad y construir un porvenir digno, abriendo una brecha entre la violencia y la esperanza.
Bogotá: Compromiso Inquebrantable con la Paz
La crisis generada por el conflicto no se limita a las zonas rurales; sus repercusiones alcanzan las grandes ciudades. Bogotá, en particular, se ha erigido como un epicentro de resiliencia y compromiso. La capital alberga a cerca de 380 mil víctimas del conflicto, quienes han encontrado en ella un espacio para reconstruir sus vidas. Además, más de mil firmantes de paz y personas en proceso de reintegración han elegido la ciudad para consolidar su apuesta por la legalidad.
Este contexto convierte el compromiso de Bogotá con la implementación del Acuerdo no en un simple acto de apoyo, sino en un imperativo moral y una responsabilidad ineludible con la nación. Para las víctimas, la ciudad trabaja para asegurar que las nuevas generaciones no repitan el dolor de sus antepasados, garantizando dignidad, reconocimiento y reparación integral. Para los excombatientes, la Alcaldía busca ser un puente hacia la estabilización socioeconómica, enfocándose en la inclusión productiva y la prevención de la estigmatización, elementos clave para la no repetición de la violencia.
Una Voluntad Inquebrantable para el Futuro
A nueve años de su firma, la tentación de la pasividad ante los desafíos del Acuerdo es grande. Sin embargo, la paz no se construye con observadores; demanda una voluntad inquebrantable. Una determinación que impulse el trabajo diario por las víctimas, por los firmantes que han cumplido su parte y, sobre todo, por los niños y niñas que merecen un futuro de oportunidades lejos del conflicto.
La sostenibilidad de la paz requiere un compromiso real y sin excusas de todos los niveles de gobierno, local y nacional. Es un compromiso de Estado que debe mirar hacia adelante, reconocer los avances y valorar a quienes han cumplido. En este sentido, Bogotá ha demostrado y continuará demostrando su cumplimiento integral con el Acuerdo de Paz, siendo un faro de esperanza y acción.
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