Viajar en familia es una de las experiencias más enriquecedoras y memorables que se pueden vivir, pero la seguridad de los niños y adolescentes es una preocupación constante para muchos padres. La incertidumbre de lo que podría suceder si un miembro de la familia se extravía en un lugar desconocido puede generar ansiedad. Sin embargo, con una preparación adecuada, una comunicación efectiva y el uso estratégico de la tecnología, es posible mitigar estos riesgos y disfrutar de cada aventura con mayor tranquilidad y confianza.

Expertos en seguridad y viajes recomiendan comenzar las conversaciones sobre estos temas una semana antes de la partida, establecer rutinas de seguridad y aprovechar herramientas tecnológicas para proteger a los más jóvenes. Este artículo profundiza en estrategias prácticas y consejos valiosos que toda familia puede implementar antes y durante sus desplazamientos para asegurar la protección y el bienestar de sus hijos, sin importar el destino.

Prepárense para la Aventura: Modo Viaje Activo

La clave para un viaje seguro comienza mucho antes de salir de casa. Iniciar la conversación sobre seguridad con al menos una semana de antelación permite a toda la familia asimilar la información de manera progresiva. Repasen juntos el itinerario detallado: los destinos que visitarán, la duración de la estancia en cada lugar y los distintos medios de transporte que utilizarán. Es fundamental organizar estas charlas de modo que los niños escuchen los detalles cruciales de diversas formas y en múltiples ocasiones, reforzando así su comprensión.

Para los más pequeños, especialmente los menores de seis años, los recursos visuales, las canciones, las rimas o incluso los juegos pueden ser herramientas didácticas muy efectivas. La repetición es vital a esta edad para que los conceptos se graben. Eli Harwood, terapeuta licenciada y autora, subraya la importancia de esta aproximación lúdica.

Es crucial repasar cómo identificar a los agentes de policía o a otros adultos que puedan ofrecer ayuda en caso de emergencia, incluyendo el tipo de uniforme o distintivos que suelen usar en el país o región de destino. Cynthia Matthews von Berg, una experimentada viajera familiar, sugiere enseñar a los niños a buscar “mamás con hijos” como figuras seguras a las que acudir en un apuro, ya que suelen ser personas dispuestas a ayudar y menos intimidantes.

En el caso de niños entre 6 y 9 años, es recomendable explicar los hechos de forma clara y concisa, satisfaciendo su necesidad de entender el «porqué» de cada regla o medida de seguridad. A medida que crecen y pueden considerar estas precauciones como «cursis», Harwood aconseja involucrarlos en el proceso de resolución de problemas, haciéndolos partícipes de las decisiones de seguridad.

Para los adolescentes, cuya capacidad de atención suele ser más breve, una charla concisa o una hoja informativa que puedan leer por su cuenta pueden ser más efectivas para comunicar las pautas de viaje. Además, los padres deben investigar exhaustivamente la zona de alojamiento: ¿es segura para pasear con niños? Asegúrense de que todos los teléfonos móviles cuenten con un plan de datos internacional si viajan al extranjero para mantener la comunicación. Etiquetar la ropa, abrigos y mochilas de los hijos con información de contacto es una medida simple pero eficaz. Consideren también pulseras de identificación familiar que incluyan nombres, números de teléfono de los padres y cualquier información médica relevante, como alergias o condiciones preexistentes.

Normas de Seguridad Familiares: Un Recordatorio Vital

Durante un viaje, es imprescindible repasar las normas de seguridad habituales y añadir otras específicas para el destino. Recuérdales a los niños pequeños las reglas básicas: no alejarse de los padres bajo ninguna circunstancia y evitar hablar con desconocidos. Las nuevas normas podrían incluir zonas restringidas después del anochecer, la obligación de permanecer en un área acordada, o la necesidad de avisar si una situación les hace sentir incómodos. Enséñenles a los jóvenes que está bien usar su “voz de exterior” en lugares públicos ruidosos, e incluso gritar en voz alta si no logran encontrar a sus padres.

Todos los niños deberían memorizar al menos el número de teléfono de uno de sus padres. Es fundamental que los teléfonos de toda la familia permanezcan encendidos y con la geolocalización activada en todo momento. Los niños deben aprender a mantener sus mochilas cerradas y siempre al frente para evitar robos o extravíos, y guardar el teléfono y los audífonos para minimizar distracciones. También pueden colocar dispositivos de rastreo, como AirTags, en mochilas, prendas o incluso en sus zapatos, aunque deben prepararse para posibles quejas de los niños que se sienten «demasiado grandes» para estas medidas.

Si los adolescentes tienen permiso para salir solos durante el viaje, deben aplicarse las mismas reglas de seguridad que en casa. Antes de subir a un vehículo de una aplicación de transporte, deben verificar que la placa coincida con la información de la app y, siguiendo el consejo de Paul DelPonte del Consejo Nacional de Prevención del Crimen, preguntar al conductor: «¿Cuál es mi nombre?» para confirmar la identidad.

Estrategias y Tecnología para Mantenerse Conectados

La comunicación es primordial. Los adultos deben establecer claramente quién está a cargo de cada niño en todo momento para evitar la suposición común de que el otro padre está vigilando. Esta responsabilidad compartida debe ser explícita.

Es vital que los niños memoricen el nombre del hotel o la dirección del alojamiento. Una medida adicional es tomar una foto de la tarjeta del hotel –incluyendo el número de habitación– para guardarla en los teléfonos de toda la familia y darle a cada integrante una tarjeta física para que la lleve consigo. Esto facilita la orientación en caso de separación.

Antes de salir cada día, tomen una foto familiar. Esta simple acción crea un registro visual de la ropa que llevan los niños, lo cual puede ser invaluable si se pierden. Consideren vestir a todos con colores brillantes para que sean fácilmente identificables entre la multitud. Si viajan con más de un niño, establezcan un sistema de compañeros o “parejas de viaje”, donde cada niño es responsable de vigilar a otro.

Para niños mayores y adolescentes, Ned Clark, vicepresidente senior de Travel For Teens, sugiere la «libertad supervisada». Esto implica llevarlos a sus destinos deseados y permanecer en la zona, dándoles espacio para explorar sin agobiarlos, pero manteniéndolos discretamente bajo vigilancia.

Tener un plan claro en caso de separación es fundamental. En lugares concurridos, elijan un punto de encuentro que sea fácilmente identificable, accesible y memorable, como un monumento o un reloj famoso. Señálenlo varias veces para que todos lo tengan presente. Es mejor elegir un sitio alejado de las puertas o entradas, ya que estas áreas suelen estar masificadas y no querrán que sus hijos terminen en la calle.

Si se encuentran en un espacio público y no logran encontrar a su hijo, Matthews von Berg ofrece un consejo sencillo pero eficaz: hagan ruido. La tendencia natural es entrar en pánico en silencio, pero es más productivo hablar en voz alta y decir: “¡No encuentro a mi hija de 6 años! Lleva una camiseta verde”. Esto alerta a las personas a su alrededor y las moviliza para ayudar en la búsqueda.

Navegando el Transporte Público con Seguridad

El transporte público, aunque eficiente, presenta desafíos únicos en términos de seguridad con niños. Una planificación cuidadosa es esencial. Antes de subir, repasen con los niños cuántas paradas faltan y en cuál deben bajarse, y recuérdenles la importancia de permanecer siempre junto a los adultos.

Si viajan dos adultos, uno debe posicionarse delante de los niños y el otro detrás, creando una especie de «sándwich» protector. Si solo hay un adulto, Matthews von Berg sugiere que los niños suban al transporte primero, lo que reduce la posibilidad de que alguien se quede atrás en el andén o la parada.

Los expertos coinciden en una regla vital: si un niño se queda en la parada mientras la familia sube al transporte, o si se baja por error mientras los demás permanecen a bordo, debe esperar exactamente en ese mismo lugar hasta que el padre o la madre regrese a buscarlo. Esta instrucción debe explicarse claramente de antemano. Por otro lado, si un niño permanece en el vehículo mientras el resto de la familia se baja, Matthews von Berg recomienda instruirle: “Bájate en la primera parada y no te muevas”. Si transcurre demasiado tiempo –por ejemplo, el paso de dos o tres autobuses o trenes– y el niño sigue solo, debe buscar ayuda de una persona que parezca segura, como el conductor o un empleado del transporte.

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