Un velo de olvido comienza a descorrerse en Bogotá para revelar las historias de resiliencia, trabajo incansable y sabiduría ancestral de las mujeres campesinas y rurales. Una innovadora exposición, fruto de la colaboración entre la Secretaría Distrital de la Mujer (SDMujer) y el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación, abre sus puertas para honrar a estas guardianas del territorio y la alimentación, invitando a la ciudadanía a un encuentro profundo con una realidad a menudo ignorada. Esta muestra, gratuita y abierta hasta el 31 de diciembre de 2026, promete transformar la percepción de lo que significa ser mujer en la ruralidad bogotana, visibilizando su rol insustituible.
El Grito Silencioso de la Ruralidad Bogotana
La inauguración de «Las que cultivan y alimentan a Bogotá, Mujeres Campesinas y rurales de la ciudad» no es solo un evento cultural; es una declaración potente sobre la importancia de reconocer a quienes, día tras día, labran la tierra y sostienen la vida en la capital. Más de treinta mujeres campesinas y rurales, participantes activas de la estrategia «Caminando juntas con las mujeres por la ruralidad» de la SDMujer, fueron las protagonistas de este lanzamiento, testificando con su presencia la relevancia de su labor.
La exposición va más allá de la simple exhibición de objetos. Es un tapiz narrativo que entrelaza las luchas, los saberes y los aportes de estas mujeres, quienes, desde los confines de la extensa zona rural de Bogotá, son el motor invisible que impulsa la sostenibilidad y la identidad de la ciudad. Sus manos, curtidas por el sol y la tierra, no solo cultivan alimentos, sino que también siembran esperanza y resiliencia en sus comunidades.

Guardianas de la Tierra y la Soberanía Alimentaria
Por décadas, los valiosos aportes de las mujeres rurales de Bogotá han permanecido en la sombra, minimizados por una visión urbana que rara vez mira hacia sus propios campos. Sin embargo, estas mujeres no son figuras periféricas; son el corazón de la construcción comunitaria, la defensa de la soberanía alimentaria y la protección de los ecosistemas que rodean y nutren a la metrópoli. Su labor es fundamental para que los habitantes urbanos puedan disfrutar de alimentos frescos y de un ambiente sano.
La exposición es un testimonio visual y emotivo de cómo, a través de sus prácticas ancestrales y contemporáneas, y sus incansables luchas, estas mujeres de las zonas campesinas, rurales y de borde de Bogotá sostienen la vida de toda la urbe. Se exhiben objetos, fotografías y relatos que permiten al visitante sumergirse en sus vivencias, comprender sus desafíos y admirar su profunda conexión con la tierra.
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Bogotá: Una Capital con Alma Rural Desconocida
Sorprendentemente, una gran parte de la población bogotana desconoce que la ciudad posee un vasto territorio rural. Aproximadamente el 75% del área total de Bogotá se clasifica como rural, albergando a cerca de 14.517 mujeres que residen en estas vastas zonas rurales. Detrás de esta cifra hay un universo de historias de vida, de mujeres que siembran, cuidan el agua, defienden la tierra y alimentan a una Bogotá urbana que, en su ajetreo diario, pocas veces voltea a ver la ruralidad que la sustenta.
La Subsecretaria de Fortalecimiento de Capacidades y Oportunidades, Juliana Cortés Guerra, expresó el profundo agradecimiento de la SDMujer ante la materialización de este proyecto. «Verlas a ustedes y a las organizaciones que representan acá sentadas, a las mujeres de la Bogotá rural, es muy emocionante. Esta exposición es un reconocimiento para ustedes y para lo que representan», afirmó Cortés, subrayando la emotividad de ver plasmados sus conocimientos, saberes y luchas en un espacio tan significativo como el Centro de Memoria.

Una Colaboración que Rescata Historias
Esta poderosa exposición no habría sido posible sin un esfuerzo conjunto y multidisciplinario. Nació de la sinergia entre la SDMujer y el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación, contando además con el apoyo crucial de organizaciones internacionales como Fian y Open Society. Sin embargo, el corazón del proyecto reside en la participación directa de veinte organizaciones de mujeres campesinas, rurales y de borde de Bogotá.
Fueron las vivencias, los testimonios y los conocimientos compartidos por estas mujeres los que nutrieron cada rincón de la muestra historiográfica. Cada objeto, cada imagen y cada relato expuesto es un fragmento auténtico de sus vidas, transformado en una pieza clave para la construcción de una memoria colectiva que finalmente las incluye y las celebra como protagonistas esenciales del desarrollo y la identidad de Bogotá. Este proyecto es un faro de esperanza para futuras iniciativas que busquen visibilizar y empoderar a las comunidades rurales.
Contexto: La Vitalidad Oculta de Bogotá
La concepción de Bogotá como una metrópolis puramente urbana es incompleta. La realidad es que su vasto territorio rural no solo es una fuente crucial de alimentos y recursos hídricos, sino también un reservorio de tradiciones, saberes ancestrales y una biodiversidad invaluable. Las mujeres que habitan estas zonas son las principales custodias de este patrimonio, enfrentando desafíos únicos como la falta de infraestructura, el acceso limitado a servicios y la invisibilización de su trabajo.
Esta exposición llega en un momento crucial, donde la sostenibilidad alimentaria y la preservación ambiental son temas de máxima prioridad global. Al destacar el rol de las mujeres campesinas y rurales, Bogotá no solo les rinde homenaje, sino que también abre un diálogo necesario sobre cómo la ciudad puede fortalecer sus lazos con su propio campo, garantizando un futuro más equitativo y resiliente para todos sus habitantes.
Un Legado de Reconocimiento y Futuro
«Las que cultivan y alimentan a Bogotá» es más que una exposición; es un llamado a la acción, una invitación a la reflexión y un puente entre el campo y la ciudad. Al finalizar su recorrido el 31 de diciembre, dejará una huella imborrable en la memoria de quienes la visiten, transformando la narrativa sobre las mujeres rurales y campesinas de Bogotá de figuras invisibles a pilares fundamentales de la sociedad. Es un legado de reconocimiento que sienta las bases para un futuro donde su valor sea indiscutible y su voz, escuchada con la atención que merece.
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