Hace un siglo, en una gélida mañana de martes, un distinguido profesor universitario y su esposa se dirigieron a la granja familiar en Auburn, Massachusetts. Les acompañaban dos colegas de trabajo y un ingenio peculiar, al que cariñosamente llamaban «Nell».Lo que quizás ignoraban en ese momento era que estaban a punto de ser testigos de un hito trascendental. «Nell», una creación del profesor de apenas once pies de altura y diez libras de peso, representaba el culmen de años de meticuloso diseño, construcción y pruebas incrementales.
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En la granja de la tía Effie, el asistente del profesor encendió un soplete, y en cuestión de instantes, «Nell» inició su ascenso. Este rudimentario aparato se elevó 41 pies y aterrizó a 60 yardas de distancia, en un campo de coles.El vuelo duró menos de tres segundos, pero marcó un momento histórico: el 16 de marzo de 1926 se realizó el primer vuelo mundial de un cohete propulsado por combustible líquido. El Dr. Robert Goddard se consolidaba así como el padre de la cohetería moderna.Goddard anotó en su diario al día siguiente: «Parecía casi mágico al elevarse, sin un ruido o llama apreciablemente mayores, como si dijera: ‘He estado aquí lo suficiente; creo que iré a otro sitio, si no les importa'».

Los Desafíos de la Propulsión Líquida
La concepción de un cohete de combustible líquido no era novedosa; teóricos y diseñadores de todo el mundo habían explorado esta idea durante años. Aunque los propulsores líquidos prometían un control superior del empuje en comparación con los sólidos, presentaban retos complejos, como la presurización y la regulación precisa de la mezcla de combustible.Goddard, quien cargó a «Nell» con una combinación de gasolina y oxígeno líquido, fue el pionero mundial en construir y lanzar exitosamente un cohete de estas características. Sin embargo, el reconocimiento tardó en llegar, y en un principio, predominó el escepticismo.En 1920, The New York Times desacreditó su trabajo y su visión de alcanzar la Luna, tildándolo de «severa carga para la credulidad». El periódico cuestionaba cómo un cohete podría operar en el vacío sin aire para impulsarse, criticando a Goddard por su aparente falta de conocimientos básicos.

El Legado Inmortal de Goddard
A pesar de las críticas, Goddard persistió, perfeccionando y rediseñando sus cohetes a lo largo de los años. Con el advenimiento de la Era Espacial y el incansable esfuerzo de Esther Goddard por divulgar la obra de su difunto esposo (Robert Goddard falleció en 1945), la trascendencia de su labor se hizo innegable.En 1959, la NASA honró su legado nombrando su primer gran complejo, el Centro de Vuelos Espaciales Goddard. Desde entonces, la propulsión de cohetes líquidos ha sido el pilar fundamental de la exploración espacial.Un siglo después del lanzamiento inaugural de Goddard, la misión Artemis II de la NASA se prepara para llevar astronautas alrededor de la Luna, una hazaña no realizada desde 1972. El cohete SLS (Sistema de Lanzamiento Espacial) que los transportará es 30 veces más alto y medio millón de veces más pesado que «Nell», pero sigue utilizando combustible líquido, tal como Goddard anticipó y fue pionero hace un siglo en aquel campo nevado junto a un campo de coles.

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