Colombia se encuentra en la antesala de una posible reestructuración significativa en su sistema educativo público. El Ministerio de Educación ha puesto sobre la mesa un proyecto de decreto que busca modificar las reglas actuales de prestación y administración del servicio, con un enfoque central en la implementación progresiva de la jornada única en los colegios oficiales del país. Aunque la propuesta promete una transformación profunda, es crucial entender que no implica cambios inmediatos, sino una hoja de ruta condicionada a la realidad de cada territorio.

El Impulso a la Jornada Única: Un Horizonte de Calidad Educativa

La esencia de la iniciativa ministerial, identificada con el código SUCOP PN-2026-32629, radica en integrar la jornada única como un pilar fundamental en la planificación del servicio educativo. Este ambicioso plan no solo busca extender el tiempo que los estudiantes permanecen en las aulas, sino potenciar la formación integral, el desarrollo de competencias básicas, socioemocionales y ciudadanas, elementos clave para el futuro de la juventud colombiana.

El proyecto, que estuvo bajo consulta pública hasta finales de agosto de 2026, propone ajustes al Decreto 1075 de 2015, conocido como el Único Reglamentario del Sector Educación. La visión es clara: las modalidades de contratación y la gestión educativa deberán orientarse cada vez más hacia la consolidación de este modelo, que, según expertos, puede ser un motor crucial para la equidad y la excelencia académica en el país.

Icetex Viviane Morales Abelardo de la Espriella

Infraestructura y Docentes: Los Pilares Indispensables para la Transformación

Uno de los puntos más críticos y realistas del proyecto es su reconocimiento explícito de que la implementación de la jornada única no puede ser un mandato ciego. La propuesta subraya la necesidad imperante de contar con condiciones previas y adecuadas, siendo la infraestructura suficiente y la disponibilidad de una planta docente robusta los requisitos fundamentales. Esto significa que cada entidad territorial certificada deberá realizar un análisis exhaustivo de su capacidad antes de proceder.

Ante la identificación de insuficiencias en el número de docentes o directivos, los estudios territoriales deberán considerar la ampliación de la cobertura bajo la modalidad de jornada única como una solución estratégica a largo plazo, no solo como un paliativo temporal. Esta visión busca fortalecer la oferta educativa oficial de manera sostenible, garantizando que las decisiones de contratación no solo cubran vacantes, sino que contribuyan a la consolidación del modelo deseado.

La capacidad física de los establecimientos educativos emerge como otro factor determinante. Donde existan limitaciones de espacio, las entidades deberán evaluar las condiciones necesarias para expandir progresivamente la cobertura. Esto incluye una revisión detallada de la infraestructura existente y los recursos disponibles, asegurando que la extensión de la jornada no comprometa la calidad ni el bienestar de los estudiantes.

Referencia colegios en Bogotá.

La Jornada Única: Un Concepto con Historia y Profundo Propósito

Es fundamental recordar que la jornada única no es una invención de este nuevo proyecto. Su existencia y reglamentación están firmemente ancladas en la legislación colombiana desde hace décadas. El Artículo 85 de la Ley 115 de 1994, y posteriormente el Decreto 2105 de 2017, ya establecían las bases para su implementación, definiéndola como una estrategia de calidad educativa.

El Ministerio de Educación concibe la jornada única como una herramienta para fortalecer los Proyectos Educativos Institucionales (PEI) mediante la ampliación del tiempo escolar. Este tiempo adicional se destina a una formación integral que abarca desde el refuerzo de competencias básicas hasta el desarrollo de habilidades socioemocionales y ciudadanas, cruciales para el crecimiento personal y la construcción de proyectos de vida sólidos en los estudiantes. La propuesta actual, por tanto, refina y potencia el marco existente, enfocándose en cómo las entidades deben planificar y administrar este servicio.

El Proceso Legislativo y los Pasos Hacia la Realidad

Es vital comprender que el documento actual es un proyecto de decreto y no una norma en vigor. Esto significa que ninguna institución educativa oficial debe modificar sus horarios de forma inmediata. La consulta pública ya ha concluido, y ahora el Ministerio de Educación se encuentra en la fase de revisión de las observaciones y comentarios recibidos de diversos actores del sector educativo y la ciudadanía en general.

El camino hacia una eventual expedición del decreto implica posibles ajustes al texto original, basándose en la retroalimentación obtenida. Una vez aprobado, la implementación de la jornada única continuará siendo un proceso descentralizado, dependiente de los estudios y las decisiones que tomen las entidades territoriales certificadas, considerando siempre su capacidad de infraestructura, disponibilidad de docentes y la garantía de una prestación adecuada del servicio.

Contexto

La discusión sobre la jornada única en Colombia no es reciente. Desde la promulgación de la Ley General de Educación en 1994, el país ha buscado diversas estrategias para mejorar la calidad y equidad del sistema. La jornada única ha sido vista como una de las herramientas más prometedoras para reducir las brechas académicas, ofrecer mayores oportunidades de aprendizaje y protección social a los niños y jóvenes, especialmente en zonas vulnerables. Sin embargo, su implementación ha enfrentado barreras significativas, principalmente relacionadas con la inversión en infraestructura escolar, la capacitación y contratación de un número suficiente de docentes, y la adaptación curricular para aprovechar eficazmente el tiempo adicional en el aula. Este proyecto de decreto representa un nuevo intento por superar estos obstáculos, ofreciendo un marco más estructurado y condicionado para su avance gradual y sostenible.

Cierre

El proyecto de decreto del Ministerio de Educación marca un hito importante en la aspiración de Colombia por una educación pública más robusta y de mayor calidad. Si bien los desafíos son considerables, la propuesta sienta las bases para una implementación más estratégica y consciente de la jornada única, ligándola intrínsecamente a las condiciones reales de cada territorio. El futuro de miles de estudiantes colombianos podría estar en juego, y la atención se centra ahora en la capacidad del gobierno y las entidades territoriales para transformar esta visión en una realidad palpable y beneficiosa.

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