El evangelista holandés Anne van der Bijl, mundialmente conocido como el Hermano Andrés, falleció el 27 de septiembre a los 94 años. Su nombre ha quedado grabado en la historia del cristianismo contemporáneo por una misión audaz y constante: el contrabando de Biblias a naciones comunistas, donde la fe cristiana era prohibida o severamente restringida.Su vida, marcada por la guerra, una profunda conversión y la persecución religiosa, fue el origen de uno de los ministerios más influyentes en el apoyo a cristianos perseguidos: Open Doors (Puertas Abiertas). Su legado trasciende fronteras y generaciones, inspirando a millones.

Infancia en tiempos de guerra: hambre, miedo y supervivencia

Anne van der Bijl nació en 1928 en los Países Bajos, en el seno de una familia humilde. Hijo de un herrero y una madre discapacitada, su niñez estuvo profundamente marcada por la invasión alemana durante la Segunda Guerra Mundial, cuando apenas tenía 12 años.Durante la ocupación nazi, Anne vivió bajo el miedo constante, escondiéndose en zanjas para evitar ser reclutado y presenciando la devastación del conflicto. En 1944, la hambruna golpeó duramente los Países Bajos, y él, como miles de holandeses, sobrevivió comiendo bulbos de tulipanes. Aquellos años forjaron su carácter con una resistencia inquebrantable y una temprana familiaridad con el sufrimiento humano.

Soldado en Indonesia: el trauma que cambió su vida

Tras la guerra, se unió al ejército holandés y fue enviado a Indonesia como parte de la fuerza colonial para frenar la independencia del país. Lo que inicialmente vio como una aventura se transformó rápidamente en una experiencia devastadora y traumática.En sus memorias, relató su participación en una operación donde soldados mataron indiscriminadamente a los habitantes de una villa. El recuerdo de una joven madre y su bebé asesinados por la misma bala lo marcó profundamente, llevándolo a buscar la muerte en combate.Finalmente fue herido de bala en un talón. Durante su convalecencia, comenzó a leer la Biblia que su madre le había regalado, un periodo que se convirtió en un punto de quiebre espiritual decisivo en su vida.

Conversión y rendición total a Dios

De regreso a los Países Bajos, Anne empezó a asistir a la iglesia con insistencia. A principios de los años cincuenta, entregó su vida al Señor con una oración sencilla pero profunda: «Señor, si tú me muestras el camino, yo te seguiré. Amén».En 1953, viajó a Escocia para estudiar en la Escuela de La Cruzada Misionera de la Evangelización Mundial. Allí, una enseñanza sobre la baja respuesta al evangelio lo impactó, llevándolo a depender no de estadísticas, sino de la guía directa del Espíritu Santo.

El llamado a fortalecer la Iglesia perseguida

Un pasaje bíblico, Apocalipsis 3:2 —“¡Despierta! Fortalece lo que permanece, pero que ya está a punto de morir”—, marcó su rumbo. Comprendió que su llamado era fortalecer a la iglesia en países bajo regímenes comunistas, donde la fe era oprimida.En 1955, viajó a Polonia en un tour oficial y se apartó del grupo para visitar comunidades cristianas clandestinas. Posteriormente, en Checoslovaquia, constató la urgente necesidad de Biblias. Se comprometió entonces a llevar cada Biblia que tuviera a los creyentes que vivían «detrás de los muros políticos que el hombre había construido».

El nacimiento del «contrabandista de Dios»

En 1957, realizó su primer viaje de contrabando a Yugoslavia, cruzando la frontera con tratados evangelísticos y porciones de las Escrituras escondidas en su Volkswagen. En cada cruce, elevaba la que se conocería como la «Oración del contrabandista», pidiendo que Dios cegara los ojos de los guardias para que no vieran las Biblias.Durante años, introdujo clandestinamente Escrituras en Polonia, Checoslovaquia, Yugoslavia, Alemania Oriental, Bulgaria y otras naciones del bloque soviético. Aunque nadie sabe con certeza cuántas Biblias entregó, las estimaciones hablan de millones, y él mismo decía: «Dios es un contador perfecto. Él sabe la respuesta».

Críticas, riesgos y controversias

El contrabando de Biblias fue objeto de críticas por parte de algunas organizaciones cristianas, que lo consideraban peligroso y de eficacia limitada. Historiadores han debatido el impacto real de sus acciones, y existen registros que sugieren que la KGB seguía de cerca su actividad.Sin embargo, su figura se consolidó como un símbolo de valentía misionera y de un compromiso inquebrantable con la Iglesia perseguida. Su audacia y fe inspiraron a muchos a desafiar las barreras políticas por la causa del evangelio.

Fundación y expansión de Open Doors

Con el crecimiento del ministerio, el Hermano Andrés dejó el contrabando directo en manos de otros colaboradores y se enfocó en expandir Open Doors a nivel internacional. En 1988, aprovechando la Glasnost de Mijaíl Gorbachov, la organización entregó un millón de Biblias en ruso a la iglesia ortodoxa rusa, en colaboración con Sociedades Bíblicas Unidas.Con el paso de los años, Open Doors amplió su trabajo a naciones musulmanas y otras regiones donde los cristianos enfrentan severa persecución. Al momento de su muerte, el ministerio apoyaba a creyentes en más de 60 países, distribuyendo 300.000 Biblias y 1,5 millones de materiales cristianos cada año, además de brindar ayuda humanitaria, formación y consejería para el trauma.

Sus últimos años: oración por los enemigos

En los años posteriores a los atentados del 11 de septiembre, el Hermano Andrés fue crítico del respaldo evangélico a intervenciones militares. Sostenía que la confianza del cristiano debía estar en la misión, no en la guerra, y que el amor y la oración debían extenderse incluso a los enemigos.Incluso afirmó que oraba por líderes extremistas como Osama bin Laden, convencido de que nadie estaba fuera del alcance del evangelio. Para él, «Las personas no son nunca el enemigo, solamente el Diablo».

Un legado para las nuevas generaciones

Cuando se le preguntó si tenía arrepentimientos, su respuesta fue contundente: «Si pudiera vivir mi vida de nuevo, yo sería un poco más radical». Esta frase encapsula su espíritu de entrega total y fe inquebrantable.Más allá de los cruces de frontera, su legado radica en una convicción profunda: Dios usa personas ordinarias para hacer cosas extraordinarias. Su vida es un testimonio de que «el llamado real no es a cierta carrera o a cierto lugar, sino a la obediencia a Dios en las acciones de cada día. Y ese llamado es extendido a cada cristiano».

La Hermosa Stereo: Más cerca de la verdad.