La atmósfera política en Colombia ha alcanzado un punto de ebullición sin precedentes. El reciente y trágico asesinato del reconocido líder indígena Luis Enrique Tunubalá en el departamento del Cauca no solo ha enlutado a las comunidades ancestrales, sino que ha desatado una tormenta perfecta en el tablero electoral. En el centro de este huracán se encuentran la senadora Aída Quilcué y la congresista de oposición Paloma Valencia, protagonizando uno de los choques verbales más intensos y polarizados de la campaña.

Durante un multitudinario acto político celebrado en la emblemática Plaza de Bolívar de Bogotá, Quilcué, visiblemente conmovida pero con una firmeza inquebrantable, alzó su voz frente a cientos de simpatizantes. La líder indígena aprovechó este escenario de alta visibilidad nacional para defender su nombre y el de su comunidad, rechazando categóricamente los señalamientos que pretenden vincularla con las dinámicas de violencia que azotan al suroccidente del país. La senadora indígena no se quedó callada y lanzó una de las respuestas más categóricas de su carrera política.

Aída Quilcué, la fórmula vicepresidencial de Iván Cepeda rechazó los señalamientos en su contra y aseguró que no apoyará ningún acto de violencia en el Cauca|  EFE/ Mauricio Dueñas Castañeda

El dolor del Cauca y la chispa que encendió la pólvora política

El asesinato de Luis Enrique Tunubalá, perpetrado el pasado 21 de mayo, volvió a poner sobre la mesa la grave crisis de seguridad que enfrentan los defensores de derechos humanos en el Cauca. Esta región, codiciada por diversos grupos armados ilegales debido a su posición estratégica y economías ilícitas, sigue siendo el escenario de una guerra silenciosa que cobra vidas casi a diario. La muerte de Tunubalá no fue una cifra más; fue el detonante de una indignación colectiva que rápidamente se trasladó a los micrófonos de la política nacional.

Sectores de la oposición, liderados por figuras como Paloma Valencia, no tardaron en cuestionar las dinámicas de control territorial de las organizaciones indígenas en el Cauca, sugiriendo responsabilidades políticas en medio del clima preelectoral. Para Quilcué y el Pacto Histórico, estas acusaciones constituyen un intento sistemático de instrumentalizar el dolor de las víctimas con fines electorales. La confrontación ideológica escaló rápidamente, convirtiendo una tragedia humanitaria en el epicentro del debate electoral.

La respuesta directa: ‘No soy despojadora de tierras’

Lejos de eludir la confrontación, Aída Quilcué utilizó su intervención en la capital de la República para enviar un mensaje directo, con nombre y apellido, a la senadora del Centro Democrático. Con un discurso cargado de emotividad y reclamo social, Quilcué confrontó la narrativa que la señala como promotora o cómplice de la inestabilidad en los territorios ancestrales.

«Quiero mandarle un mensaje a Paloma Valencia, que ha aprovechado esta tragedia de nuestro pueblo para decir que Aída Quilcué ha apoyado esta violencia», exclamó ante la multitud que coreaba consignas de apoyo. Acto seguido, la senadora pronunció la frase que ha resonado con fuerza en el debate público: «Le digo a Paloma que yo no soy despojadora de tierras, ni he excluido al pueblo, y que no soy de esa clase que ha dejado a este país en la miseria, en la exclusión, en el olvido y en el odio estructural». Quilcué desmarcó de manera tajante su activismo de las acusaciones de violencia que intentan debilitar su movimiento.

Aida Quilcué -  Aída Quilcué, la fórmula vicepresidencial de Iván Cepeda rechazó los señalamientos en su contra y aseguró que no apoyará ningún acto de violencia en el Cauca - crédito @aida_quilcue/X

Un departamento bajo el fuego cruzado del olvido y la guerra

El recrudecimiento de la violencia en el Cauca no es un fenómeno nuevo, pero su coincidencia con las elecciones presidenciales ha exacerbado las tensiones. Las comunidades locales exigen de manera urgente la presencia integral del Estado, argumentando que la respuesta militarista ha sido insuficiente para detener el avance de las disidencias de las FARC, el ELN y bandas criminales dedicadas al narcotráfico.

El debate de fondo radica en la propiedad de la tierra y la autonomía territorial de los resguardos indígenas, un tema histórico que genera profundas divisiones en la sociedad colombiana. Mientras la oposición exige mayor autoridad y control institucional sobre estas zonas, los movimientos sociales defienden su derecho a la autodeterminación y denuncian la estigmatización constante de la que son objeto. La reconstrucción del tejido social en el suroccidente del país requiere mucho más que discursos incendiarios en época de elecciones.

¿Hacia dónde va la reconciliación nacional?

A pesar de la dureza de sus palabras hacia Paloma Valencia, Quilcué insistió en que el camino para superar la crisis humanitaria del Cauca no es la profundización del odio, sino la concertación y el diálogo abierto. La senadora hizo un llamado a construir puentes que permitan detener el derramamiento de sangre en las regiones periféricas de Colombia.

«Seremos incansables en tender puentes y avanzar junto a ustedes para que la paz también se construya desde nuestros territorios», concluyó la dirigente, reafirmando el compromiso de su colectividad con un cambio estructural que priorice la vida sobre la confrontación armada. El camino hacia las urnas estará inevitablemente marcado por la urgencia de detener la violencia en las regiones más vulnerables.

Paloma Valencia, candidata presidencial  | REUTERS/Luisa Gonzalez

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